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Videntes en Barcelona: cómo saber si alguien acierta o solo lo parece

Voy a enseñarte los trucos de mi propio gremio. Si después de leer esto alguien te impresiona, será porque de verdad tiene algo.

Baraja de Tarot de Marsella extendida sobre un mantel de terciopelo verde en la mesa de consulta

«¿Tú aciertas?» Me lo preguntan cada semana y nunca sé qué contestar, porque la respuesta honesta —«a veces, y menos de lo que a ti te gustaría»— no suena a nada bueno por teléfono.

Así que hoy voy a hacer algo distinto: en lugar de convencerte de que yo acierto, te voy a enseñar cómo se finge acertar. Son cuatro trucos, los conoce todo el mundo en este oficio y funcionan igual de bien en Barcelona que en cualquier sitio. Si después de leer esto alguien te sigue impresionando, será por algo real.

Truco uno: la frase que le vale a todo el mundo

«Eres una persona que da mucho y a veces siente que no le devuelven lo mismo.»

Léela otra vez. ¿Te encaja? Claro que sí. Le encaja al noventa por ciento de la gente que llama a un tarot, porque quien está bien atendido y correspondido no suele coger el teléfono a las once de la noche.

Este es el truco más viejo y el más eficaz. Frases que suenan personalísimas y valen para casi cualquiera: «tienes una fuerza que aún no has usado», «hay algo del pasado que no terminaste de cerrar», «te cuesta pedir ayuda».

Cómo detectarlo: pregúntate si esa frase podría aplicársele a tu vecina. Si la respuesta es sí, no es una lectura, es un molde.

Truco dos: la pregunta disfrazada de afirmación

«Veo a un hombre mayor, alguien de tu familia… ¿tu padre?»

Fíjate en la mecánica. Se lanza algo amplísimo, se deja la frase abierta y se espera. Tú rellenas el hueco: «no, mi padre no, será mi suegro, que murió el año pasado». Y ya está: acaba de «acertar» con tu suegro, cuando lo has puesto tú.

Lo peor es que a los diez minutos ya no recuerdas quién dijo lo del suegro. Recuerdas que ella lo vio.

Cómo detectarlo: fíjate en quién aporta los datos. Cuenta, literalmente, cuántas veces te pregunta y cuántas afirma. Una lectura de verdad también hace preguntas, pero no las disfraza de visión.

Truco tres: lo que no se puede comprobar

«Tienes el camino bloqueado por una envidia.» «Hay una energía en tu casa.» «Alguien te tiene retenida la suerte.»

Ninguna de estas frases se puede verificar jamás. No hay forma de saber si es verdad o mentira, ni hoy ni dentro de diez años. Por eso son tan populares: es imposible pillar a nadie en un renuncio.

Y no están ahí por casualidad. Suelen ser el paso previo a que te ofrezcan quitarlo, que es donde está el dinero de verdad. Lo he contado entero en este artículo.

Cómo detectarlo: pregunta cómo se comprobaría eso. Un profesional te dirá que no se comprueba y que por eso él no trabaja así.

Truco cuatro: la fecha que nadie recuerda

«Antes de marzo tendrás noticias.»

Si llegan noticias en marzo, acertó. Si no llegan, para marzo ya no te acuerdas o piensas que se retrasó. Y si te acuerdas y llamas a reclamar… no vas a llamar a reclamar. Nadie lo hace.

Yo no doy fechas, y esa es probablemente la decisión que más clientas me ha costado. Hablo de ciclos: algo que se está cerrando, algo que se moverá pronto, algo que va para largo. Es menos espectacular y es lo único que se sostiene.

Entonces, ¿qué es acertar?

Aquí va mi respuesta de verdad, la que no cabe en un anuncio.

Acertar no es adivinar lo que va a pasar. Es nombrar lo que ya te está pasando con una precisión que tú sola no habías conseguido.

Cuando alguien me dice que acerté, casi nunca se refiere a una predicción. Se refiere a que le puse un nombre a algo que llevaba meses dando vueltas sin forma. A que le dije «no estás triste por él, estás agotada», y era eso.

Eso sí lo puedo hacer, y lo puedo hacer porque escucho mucho, porque llevo treinta y dos años oyendo a gente contar su vida y porque las cartas ponen orden en lo que me cuentas. No hace falta nada sobrenatural para que sea útil.

La prueba de los dos minutos

Si te quedas con una sola cosa de todo esto, quédate con esta: pídele que se equivoque.

Dile «¿hay algo que no veas claro?» o «¿algo de lo que me estás diciendo puede no encajar?». Quien trabaja de verdad te dirá que sí sin despeinarse: hay cartas que no entiende, situaciones que no ve claras, preguntas que no puede responder. Yo te lo digo varias veces por semana.

Quien nunca falla, quien no duda nunca, quien tiene respuesta para todo, no está leyendo. Está recitando. Y lo hace igual de bien en Gràcia que en cualquier otro sitio.

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