Tarot, estafas y timos: las señales de alarma
Este artículo va contra mi propio gremio y lo escribo con gusto. Si alguien te ha cobrado por un amarre, te han robado.
Hace año y medio me llamó una mujer de Sants. La llamaré Pilar. Empezó la llamada pidiéndome perdón, que es como empiezan casi todas las personas a las que han estafado.
Pilar había pagado mil cuatrocientos euros en cuatro plazos. El primero fueron sesenta euros por una consulta normal. En esa consulta le dijeron que tenía «un mal echado» por una compañera de trabajo. El segundo plazo, doscientos, fue para «empezar a limpiarlo». El tercero, cuatrocientos, porque el trabajo era más profundo de lo esperado. El cuarto, setecientos cuarenta, porque si se dejaba a medias podía volverse en su contra.
Eso no es tarot. Es un guion, y está escrito desde hace décadas.
La mecánica: primero el susto, luego la solución
Todas las estafas de este sector tienen la misma estructura, con distintos disfraces:
- Un gancho barato. Consulta a diez euros, o gratis, o una promoción.
- El diagnóstico del miedo. Un mal, una brujería, una energía negativa, una maldición familiar. Siempre algo que tú no puedes comprobar y que suena grave.
- La urgencia. Hay que actuar hoy, esta noche, antes de luna llena. La prisa impide pensar, y ese es exactamente su propósito.
- El pago escalonado. Nunca te piden mil cuatrocientos de golpe. Te piden sesenta, y cuando ya has puesto sesenta te cuesta muchísimo más parar.
- La complicación. El trabajo se ha torcido, ha aparecido una resistencia, hace falta una segunda fase. Aquí se saca el grueso del dinero.
- La culpa. Si dejas de pagar, se vuelve en tu contra. Con esto te atan y con esto consiguen, además, que no lo denuncies.
Los tres timos que más veo
El amarre
«Puedo trabajar para que vuelva.» No se puede. No existe ningún procedimiento, ritual ni trabajo que modifique la voluntad de otra persona, y quien te cobre por ello sabe perfectamente que te está robando. Es, con diferencia, el timo más caro y el que más daño hace, porque se ceba con gente que está rota.
El mal echado
Una variante del anterior pero al revés: el problema no es que quieras algo, es que alguien te ha hecho algo. Una vecina, una cuñada, una compañera. Es especialmente venenoso porque además de sacarte el dinero te siembra la desconfianza con gente de tu entorno.
La llamada urgente
Consultas cualquier cosa y a las dos horas te llaman: «he seguido viendo tus cartas y ha salido algo que no te dije». Ninguna tarotista honesta sigue viendo tus cartas después de colgar. Yo, cuando cuelgo, recojo la baraja y me hago una manzanilla.
Si al colgar te queda miedo y una cuenta corriente donde ingresar, no has consultado: te han vendido.
Señales de alarma, en orden de gravedad
- Te ofrecen amarres, hechizos, limpiezas, retirada de males o desligamentos.
- Te dicen que tienes una maldición, un mal echado o una energía que hay que quitar.
- Te meten prisa: hoy, esta noche, antes de que sea tarde.
- Te piden un segundo pago porque el trabajo se ha complicado.
- No te dan el precio antes de empezar.
- Te llaman ellos después de la consulta.
- Te piden datos que no hacen falta: apellidos, dirección, fotos, datos de otras personas.
- Te piden el pago por Bizum a un número particular, por transferencia a una cuenta personal o en criptomonedas.
- Te dicen fechas exactas.
- Te aseguran que no se equivocan nunca.
Si ya has pagado
Lo primero: no es culpa tuya. Este guion está diseñado por gente que lleva años puliéndolo y te encuentra justo el día que estabas más floja. Ahora, lo práctico:
- Corta la comunicación. No discutas, no pidas explicaciones, no negocies. Bloquea el número.
- Guarda todo. Justificantes de pago, capturas de mensajes, el número de teléfono, la web, el nombre que usaban.
- Habla con tu banco. Si has pagado con tarjeta, pregunta por la retrocesión del cargo. No siempre se consigue, pero se intenta.
- Denúncialo. Cobrar por servicios inexistentes mediante engaño es estafa. Puedes denunciar en la Policía Nacional, en la Guardia Civil o en los Mossos d'Esquadra, y hay sentencias en España que han condenado por esto.
- Cuéntalo. A alguien de confianza. La vergüenza es la aliada del estafador: mientras no lo cuentes, sigue trabajando tranquilo.
Por qué escribo esto
Porque me toca de lleno. Cada persona a la que timan sale de ahí convencida de que todo el sector es igual, y en parte tiene razón para pensarlo. Yo vivo de esto y me interesa que la gente sepa distinguir.
Y porque hay algo que me da mucha rabia: la mayoría de las víctimas que me han llamado eran mujeres de más de cincuenta años, solas, en un momento malo. No es casualidad. Está elegido.
Una consulta de tarot honesta cuesta lo que cuesta un menú del día, dura lo que dura y se acaba cuando cuelgas. Todo lo que se salga de ahí, desconfía.