Tarot barato en Barcelona: dónde está la trampa de los cinco euros
Yo también soy barata, así que esto me deja en mal lugar. Pero hay barato y barato, y la diferencia se nota en el segundo pago.
Voy a escribir un artículo que no me conviene, porque yo cobro ocho euros los quince minutos y encajo de lleno en la categoría «tarot barato en Barcelona». Aun así hay que decirlo: la mayoría de los anuncios de tarot barato no te están vendiendo una consulta barata. Te están vendiendo una puerta.
Cómo funciona el señuelo
El esquema es siempre el mismo y no lo han inventado los tarotistas: lo lleva usando medio comercio del mundo desde hace un siglo.
- El precio imposible. Cinco euros, tres euros, la primera consulta gratis. Una cifra que no cubre ni el tiempo de la llamada.
- La consulta corta y agradable. Te tratan bien. Te dicen cosas que encajan. Sales con buena impresión, que es exactamente el objetivo.
- El hallazgo. Casi al final, cuando ya te ibas: hay algo que no se puede ver bien en tan poco tiempo. Una sombra, un bloqueo, algo que viene de familia.
- El precio de verdad. Para mirar eso hace falta otra consulta, más larga. O un trabajo. Y ahí ya no hablamos de cinco euros.
Lo que hace que funcione no es la avaricia de nadie. Es que después de un rato agradable te fías, y cuando te fías de alguien te cuesta muchísimo más levantarte y marcharte.
Cuando el precio de entrada no cubre ni el coste del rato, el precio de entrada no es el precio. Es la inversión de quien te llama.
Qué cuesta una consulta honesta
Vamos a hacer una cuenta de tenderos, que es la que nadie hace en este sector.
Una consulta de media hora son treinta minutos de teléfono, más los cinco de después que empleo en apuntar en el cuaderno, más el rato que me lleva quitarme de encima lo que me acabas de contar antes de coger la siguiente llamada. Digamos cuarenta minutos reales. Cobro catorce euros.
Eso son unos veinte euros la hora, de los que hay que quitar el teléfono, la plataforma de cobro, los impuestos y las horas en que no suena nadie. Es un sueldo modesto y digno, y solo sale porque llevo treinta años y la gente vuelve.
Ahora haz la misma cuenta con cinco euros. No sale. No es que sea poco margen: es que es imposible. Si alguien cobra cinco euros por media hora, o está empezando y lo hace por hacer horas de vuelo, o el dinero lo va a sacar en otro sitio.
Barato honesto y barato tramposo
Se distinguen por cosas muy concretas:
- El barato honesto tiene tarifa publicada y cerrada. Ocho euros son quince minutos, se acabó. No hay un escalón siguiente.
- El barato honesto no te llama después. Cuando cuelgo, recojo la baraja y no vuelvo a pensar en tu tirada. El que te escribe a las dos horas porque «ha seguido viendo tus cartas» te está trabajando.
- El barato honesto te deja irte. A los diez minutos, si la respuesta ya está, colgamos. Que la consulta termine antes de lo previsto es una buenísima señal.
- El barato honesto no vende nada más. Ni velas, ni limpiezas, ni amuletos, ni segundas fases.
Cuando lo barato de verdad te sale caro
El año pasado atendí a una mujer de Sant Andreu que llevaba once consultas en cinco meses, todas de diez euros, todas con la misma persona, todas sobre la misma pregunta. Ciento diez euros en total, que suena poco, repartidos en once veces que suena a nada.
No la habían estafado con un amarre. No le habían sacado mil euros de golpe. Le habían hecho algo peor: le habían enseñado a llamar. Cada consulta la dejaba igual de intranquila que antes, que es justo lo que garantiza la siguiente.
Por eso yo no leo la misma pregunta dos veces en treinta días. Es la regla que más consultas me cuesta y la que más falta hace. Si me llamas la semana que viene con lo mismo, te lo voy a decir y buscaremos por otro lado, aunque me quede sin cobrar.
Entonces, ¿busco barato o no?
Busca claro, que no es lo mismo. Un precio de treinta euros publicado, cerrado y sin sorpresas es mejor negocio que uno de cinco que se convierte en doscientos.
Y si lo que te preocupa es el dinero, te lo digo sin rodeos: llama, pide quince minutos y planta la pregunta en el primer minuto. Quince minutos bien usados dan para muchísimo. La media hora la necesitamos cuando hay tres problemas metidos dentro de uno, y eso ya lo notarás tú.
Aquí tienes mis dos precios, sin letra pequeña. Y si llamas a otra persona, perfecto: pregúntale solo una cosa antes de empezar. ¿Hay algo que se pueda cobrar después de esta llamada? La respuesta te dice todo lo demás.