Un ejemplo
La llamada de un martes de noviembre
Hace dos inviernos me llamó una mujer de Poblenou. La llamaré Rosa. Empezó
preguntándome si su marido la estaba engañando. Llevaba dos meses sin dormir.
Le pregunté lo de siempre, lo que pregunto antes de tocar la baraja: qué es lo que de
verdad quería saber. Se quedó callada un rato largo. Y luego dijo: «Saber si me puedo
ir».
Esa era la consulta. La otra pregunta era la de la superficie. Estuvimos cuarenta
minutos y no hablamos casi nada del marido: hablamos de su trabajo a media jornada, de
su hermana en Manresa, de cuánto costaba un alquiler en su barrio y de por qué llevaba
seis años esperando a tener un motivo lo bastante grave.
No sé si Rosa se fue. No pregunto. Sí sé que colgó sabiendo cuál era su pregunta, y
eso, ese martes, valía más que cualquier predicción.
Te cuento esto porque es exactamente lo que va a pasar si me llamas. No te voy a
impresionar. Te voy a hacer la pregunta incómoda al principio de la llamada.