¿Va a volver? Lo que el tarot puede decirte de una ruptura, y lo que no
Es la pregunta que más me llega y la única que no tiene respuesta posible. Te cuento qué sí veo en una tirada sobre una ruptura, y qué tendría que inventarme para decirte lo demás.
Un martes de octubre, con la lluvia de esas que no se acaban nunca, me llamó una mujer del Guinardó. Le llamaré Raquel. Llevaba cuarenta y un días sin saber nada de su pareja de nueve años y lo primero que me dijo, antes de darme su nombre, fue: «solo quiero saber si va a volver».
Le hice la pregunta que hago siempre antes de tocar las cartas: qué es lo que de verdad quería saber. Se quedó callada un rato largo. Y luego dijo otra cosa completamente distinta: «quiero saber si puedo dejar de esperar».
Esas dos preguntas no se parecen en nada. La primera no tiene respuesta. La segunda la leímos en diez minutos.
Voy a contarte, con detalle y sin adornos, qué se ve en una tirada cuando alguien pregunta por una ruptura. Y voy a ser igual de concreta con lo que no se ve, porque ahí es donde la gente se deja el dinero.
Por qué «¿volverá?» no se puede leer
Te lo digo claro: las cartas no deciden lo que va a hacer otra persona. Nadie decide eso más que esa persona, y muchas veces ni ella lo sabe todavía.
Cuando alguien me pide que le lea la decisión futura de un tercero, me está pidiendo dos cosas imposibles a la vez. La primera, que adivine una elección que aún no se ha tomado. La segunda, que le lea a alguien que no me ha llamado, no me ha contado nada y no ha pedido esta consulta.
Yo no leo sobre terceros. No es una norma que me haya puesto para parecer seria: es que no se puede hacer. Lo que sí puedo hacer, y es lo que hago, es leerte a ti dentro de esa relación. Suena a menos y es muchísimo más útil, porque es la única parte del asunto sobre la que tú puedes mover algo.
Si alguien te dice que ha visto en las cartas que tu ex volverá en tres semanas, no ha visto nada. Ha dicho lo que tú querías oír, y eso se cobra igual.
Las cuatro cosas que sí se ven
Vamos por partes. Cuando echo tres cartas —situación, lo que no ves, hacia dónde va— sobre una ruptura, esto es lo que sale de verdad.
1. En qué punto estás tú
Y no es el punto que tú dices. Casi nadie llega diciendo la verdad de dónde está, porque decirla en voz alta duele. Hay quien lleva ocho meses fuera de la relación y sigue hablando en presente. Hay quien se fue hace una semana y ya está entero.
Esto se ve bien y es lo más útil de toda la tirada. Saber si estás en la parte del golpe, en la del enfado o en la del cansancio cambia por completo lo que te conviene hacer este mes.
2. Qué se rompió exactamente
Las rupturas casi nunca se rompen por donde la gente cree. Una mujer de Sant Antoni vino convencida de que su matrimonio se había terminado por un mensaje en un móvil. El mensaje era de febrero. Lo que se había roto llevaba roto desde que ella cambió de turno en el trabajo, tres años antes, y dejaron de cenar juntos.
Las cartas ordenan eso. No te cuentan nada que no supieras: te lo ponen en un orden que puedes mirar sin apartar la vista.
3. Qué se sostiene todavía
Esta es la parte que la gente no espera. En una ruptura no se cae todo a la vez. A veces se ha caído el proyecto común y sigue en pie el cariño. A veces es justo lo contrario, y eso es más duro de oír: queda el proyecto, la casa, los planes, los amigos comunes, y el cariño ya no está.
Saber cuál de las dos cosas te queda entre las manos importa mucho más que cualquier fecha.
4. Hacia dónde va esto si nadie hace nada
Ojo con la letra pequeña: si nadie hace nada. Eso es lo máximo que se puede leer de un futuro, y lo digo tal cual en las consultas. Las cartas dibujan la inercia, la dirección en la que esto se mueve solo. Cualquiera de los dos puede cambiarla mañana con una llamada.
Por eso una tirada no es una sentencia. Es una foto de por dónde va el agua ahora mismo.
Cómo leo yo una ruptura
Te cuento el procedimiento, que no tiene ningún misterio, y así sabes qué estás comprando.
Para una pregunta concreta echo tres cartas: la situación, lo que no ves y hacia dónde va esto. Con eso se resuelve la mayoría de las consultas de ruptura, y se resuelve en diez o doce minutos.
Cuando el asunto viene enredado —hay hijos, hay una casa a medias, hay familia metida por medio, o llevas tres rupturas con la misma persona— uso una cruz celta reducida, de siete cartas. No es más potente: es que hay más piezas que colocar y necesito sitio para ponerlas.
Y a veces echo una sola carta. Eso lo hago cuando noto que la persona ya sabe perfectamente lo que va a hacer y lo que necesita es mirarlo de frente una vez. Esas consultas duran cinco minutos y son las que más me gustan.
Lo que no hago nunca es echar cartas hasta que salga algo que te guste. Si la tirada dice lo que dice, se lee y se acabó. Volver a tirar hasta que cambie el mensaje es lo mismo que no tirar.
Lo que no se ve, y punto
No te voy a engañar con esto, porque es exactamente lo que se vende en mi gremio y lo que me hace hervir la sangre:
- La decisión que tomará otra persona. No se ve. No la ve nadie.
- Una fecha. No doy fechas exactas, y lo he explicado tantas veces que le he dedicado un artículo aparte. Hablo de ciclos y de estaciones, nunca de un día del calendario.
- Los pensamientos de alguien a quien no estoy leyendo. Se puede ver lo que llega y lo que no llega de esa relación hacia ti. Lo que pasa por su cabeza, no.
- Si hay otra persona. Se ve la distancia y se ve lo que ha dejado de circular. Ponerle nombre y apellidos a eso con tres cartas delante rompe parejas sin ninguna prueba, y yo no lo hago.
Y desde luego no se arregla nada con un trabajo, un ritual ni un retorno de pareja. Nada de eso existe, cuesta cientos o miles de euros y es la estafa más repetida del sector. Tengo escritas las señales de alarma con detalle por si alguien te lo está ofreciendo ahora mismo.
Las preguntas que sí tienen respuesta
Esta es la parte práctica. Si vas a gastarte quince minutos en una consulta —sea conmigo o con quien tú quieras—, cámbialas por estas:
- «¿Qué es lo que de verdad se rompió aquí?»
- «¿Qué parte de esto es mía?» La incómoda. La que sirve.
- «¿Estoy esperando o estoy cerrando?» Porque no se puede hacer las dos cosas a la vez, y casi todo el mundo cree que puede.
- «¿Qué es lo que no estoy queriendo mirar?»
- «Si esto no vuelve, ¿qué me queda por hacer conmigo?»
Esa última es la que más miedo da y la que más cambia las cosas. Lo he desarrollado en las preguntas de amor que no le puedes hacer al tarot, con las cinco imposibles y su versión útil.
Por qué preguntar «¿volverá?» te deja peor
Mira, más allá de que no se pueda leer, hay un problema con esa pregunta: te quita a ti de la escena.
Mientras la respuesta dependa entera de otra persona, tú no tienes nada que hacer salvo esperar. Y esperar con el móvil en la mano desgasta de una forma muy concreta: dejas de dormir bien, empiezas a contar los días y a mirar la hora de la última conexión. He visto a mucha gente perder meses así.
Cuando yo trabajaba de noche en una residencia, con veinte años recién cumplidos, aprendí una cosa que me ha servido para esto más que cualquier libro: la gente no se hunde por las malas noticias, se hunde por la espera sin información. Una respuesta mala se llora y se sigue. Una espera abierta no se puede ni llorar.
Y si insistes en preguntarlo
Me lo van a preguntar igual, así que te cuento qué hago yo cuando pasa.
No te cuelgo el teléfono ni te doy un sermón. Leo lo que hay: en qué punto estás, qué se sostiene, qué dirección lleva esto si nadie mueve nada. Y te digo de frente que la parte de «¿volverá?» no está en las cartas.
Lo que sí te voy a decir es que no te leo la misma pregunta dos veces en treinta días. Si me llamas el jueves con lo mismo que el lunes, te lo digo y cambiamos de asunto. No es por comodidad mía, que perdería dinero: es que releer una pregunta cada tres días es la forma más rápida de convertir una consulta en una costumbre. Y una costumbre así cuesta dinero y no arregla nada.
Si en otro sitio te dicen lo contrario
Va a pasar. Hay tantísima gente echando cartas que si haces cinco consultas tendrás cinco lecturas, y alguna te dirá exactamente lo que quieres oír.
Cuando eso ocurra, no compares las conclusiones: compara cómo se ha llegado a ellas. Quién te ha hecho preguntas y quién se ha puesto a hablar desde el minuto uno. Quién te ha dicho algo incómodo y quién te ha dado solo buenas noticias. Quién te ha puesto el precio delante y quién te ha ido sumando minutos.
Tengo una guía entera en cómo elegir tarotista en Barcelona. Y la regla más corta que te puedo dar: desconfía de quien nunca te contradice.
Y si vuelve, ¿entonces qué?
Esta pregunta casi no me la hace nadie, y es la que más falta hace.
Me llamó un hombre de Gràcia, casi vecino mío, para que le leyera si su mujer volvería. Volvió, cuatro meses después. Y a las tres semanas me llamó otra vez, bastante peor que la primera, porque había vuelto todo: ella, la casa, la rutina y también la conversación que llevaban seis años sin tener.
Volver no arregla nada por sí solo. Vuelve la persona; el vínculo hay que rehacerlo, y se rehace hablando de lo que se rompió, que es justo lo que nadie quiere hacer en la semana del reencuentro.
Así que si estás esperando un regreso, hazte el favor de contestarte esto antes: qué tendría que ser distinto para que esta vez aguante. Si no tienes respuesta, la vuelta va a doler casi tanto como la marcha.
Y una cosa más, que me cuesta decir y la digo igual: hay gente a la que le conviene que no vuelva. No se lo suelto así a nadie de entrada, pero cuando eso sale en las cartas, sale con mucha claridad.
Lo que puedes hacer esta semana
Nada de «espera y confía». Tres cosas concretas, que valen aunque no me llames nunca:
- Deja de contar los días. Literal. Si sabes que hoy es el día cuarenta y uno, ese número te está haciendo más daño que el silencio.
- Escribe en un papel qué se rompió, no quién tuvo la culpa. Dos columnas: lo que se cayó y lo que sigue en pie. Con eso en la mano, cualquier consulta que hagas rinde el triple.
- Decide una sola cosa que dependa solo de ti y hazla antes del domingo. Una conversación, una caja de cosas suyas, una tarde fuera de casa. Una.
Y si quieres que lo miremos juntas, mi consulta es por teléfono, quince minutos por ocho euros, con el precio a la vista antes de llamar. Si al colgar sientes que no te ha servido, te devuelvo el dinero; ha pasado pocas veces y me parece bien que se sepa. Te explico cómo funciona una consulta por teléfono si nunca has hecho ninguna.
Raquel, la del Guinardó, no volvió con su pareja. Me llamó en marzo para contarme que se había mudado a un piso en Poblenou y que dormía otra vez del tirón. No le dije yo que iba a pasar eso. Lo hizo ella.