Saltar al contenido principal

Las preguntas de amor que no le puedes hacer al tarot

Ocho de cada diez llamadas que recibo son de amor. Y la mitad empiezan con una pregunta que no tiene respuesta posible. Vamos a arreglar eso.

Dos sillas de enea vacías frente a frente junto a una mesa con una sola carta del tarot

Cuando yo tenía la consulta abierta en Torrijos, vino a verme una mujer de Sants a la que llamaré Pilar. Se sentó, puso las manos encima de la mesa y me dijo: «¿Volverá?».

Le dije lo que digo siempre, que esa no es una pregunta. Se enfadó bastante. Y a los cuarenta minutos, cuando ya nos íbamos, me dijo una frase que llevo veinte años repitiendo: «Es que yo no venía a preguntar eso, ¿verdad?».

Casi ninguna venimos a preguntar lo que preguntamos.

Por qué «¿volverá?» no se puede leer

Por dos razones, y ninguna tiene que ver con que las cartas sean flojas.

La primera: esa pregunta pone la respuesta enteramente en manos de otra persona, alguien que no ha llamado, que no ha pedido la consulta y de quien yo no leo nada. Leer a terceros ausentes no lo hago, y quien lo hace te está vendiendo lo que quieres oír porque sabe que no lo vas a poder comprobar hasta dentro de meses.

La segunda, más importante: aunque yo te dijera que sí, ¿qué haces tú mañana con esa información? Nada. Esperar. Y esperar con una fecha en la cabeza es exactamente el peor sitio en el que puedes estar.

Una pregunta sirve cuando su respuesta cambia lo que vas a hacer el lunes. Si no, es entretenimiento caro.

Las cinco preguntas imposibles, y su versión útil

1. «¿Volverá?»

Versión que sí se lee: «¿Qué estoy sosteniendo yo de esta historia y qué me está costando?»

Esta sí se puede leer, y suele salir muy clara. Además tiene la ventaja de que la respuesta depende de ti, con lo cual sales de la consulta con algo en la mano.

2. «¿Me quiere?»

Versión que sí se lee: «¿Me está tratando esta persona como yo necesito?»

Fíjate en el cambio. La primera es un misterio insondable sobre el interior de otro. La segunda la sabes tú, y las cartas lo único que hacen es ayudarte a decirlo en voz alta.

3. «¿Hay otra persona?»

Versión que sí se lee: «¿Qué hago yo con lo que ya sospecho?»

Te lo digo sin rodeos: si estás llamando a una tarotista a las once de la noche para preguntar esto, la respuesta emocional ya la tienes. Lo que no tienes es qué hacer con ella, y eso sí lo podemos mirar.

4. «¿Cuándo voy a conocer a alguien?»

Versión que sí se lee: «¿Qué está ocupando ahora mismo el sitio donde iría esa persona?»

No doy fechas. Nunca. Pero esta pregunta reformulada da tiradas larguísimas y muy útiles, porque casi siempre hay algo ocupando el hueco: una historia anterior sin cerrar, un trabajo que se ha comido la vida, un miedo muy concreto.

5. «¿Con quién de los dos me quedo?»

Versión que sí se lee: «¿Qué vida quiero yo, y cuál de las dos opciones se parece más a esa vida?»

Aquí la trampa es que la pregunta original suena a que las cartas van a elegir por ti. No lo van a hacer, y menos mal.

La pregunta de debajo

Todo esto es la razón de que yo empiece todas las consultas igual, antes de tocar la baraja: ¿qué es lo que de verdad quieres saber?

Debajo de «¿volverá?» hay muchas veces un «¿puedo seguir con esto?». Debajo de «¿me quiere?» suele haber un «¿estoy exagerando o me está pasando algo grave?». Y debajo de «¿hay otra?» hay, casi siempre, un «¿me puedo ir?».

La de Poblenou que te contaba en otra página tardó tres minutos de silencio en llegar a esa última. Cuando llegó, la consulta ya había servido para algo.

Una regla que me pongo yo

No leo la misma pregunta dos veces en treinta días. Si me llamas la semana que viene con lo mismo, te lo digo y buscamos por otro lado, aunque eso me cueste una consulta.

Repetir la tirada hasta que salga lo que quieres oír no es tarot: es ansiedad, y encima pagando. En amor pasa más que en ningún otro tema, y el sector se aprovecha de ello porque es la vena más fácil de explotar que existe.

Y lo que no voy a hacer nunca

Amarres, trabajos, rituales para que vuelva, uniones de parejas. Nada. No existen, no funcionan y quien te los cobre te está robando, normalmente en varios plazos. Lo cuento entero aquí, con el caso de una mujer que pagó mil cuatrocientos euros.

Si vienes buscando eso, no soy tu tarotista. Si vienes buscando ordenar lo que ya sabes para poder decidir tú, entonces sí, y te va a costar ocho euros los quince minutos.

Seguir leyendo

Pregúntame lo que quieras

Precio cerrado antes de empezar y, si al colgar no te ha servido, te devuelvo el dinero.