Cómo funciona de verdad una consulta de tarot por teléfono
Mucha gente llama por primera vez sin saber qué se va a encontrar. Te lo cuento entero, desde que marcas hasta que cuelgas, para que llames sabiendo.
Tuve consulta abierta en la calle Torrijos, en Gràcia, desde 2003 hasta 2016. La cerré y durante dos años lo eché muchísimo de menos. Hoy no lo echo nada de menos, y este artículo es en parte la explicación de por qué.
Antes de marcar
No necesitas preparar nada. Ni fecha de nacimiento, ni carta astral, ni la foto de nadie, ni haber leído sobre las cartas. Solo dos cosas:
- Un sitio donde puedas hablar. El coche aparcado vale. El balcón vale. La cocina cuando los niños ya duermen es donde me llama la mitad de la gente.
- Decidir cuánto quieres gastarte. Con tarjeta eliges los minutos antes de empezar: quince, treinta o sesenta. Así no hay sorpresas.
Lo que sí te ayuda es pensar un momento en qué quieres preguntar. No hace falta que lo tengas claro, tranquila; de hecho la mitad de las veces cambia en los primeros dos minutos. Pero ven con algo.
Minuto 0: descuelgo
Digo mi nombre y te pregunto el tuyo. Solo el nombre de pila: no pido apellidos, ni dirección, ni fecha de nacimiento. Lo apunto en un cuaderno de tapas de hule negro, con la fecha. Voy por el cuaderno número treinta y cuatro.
Minuto 1: la pregunta de verdad
Y aquí viene lo único que hago siempre igual desde hace veinte años. Antes de tocar la baraja te pregunto:
¿Qué es lo que de verdad quieres saber?
Parece una tontería. No lo es. La gente llama preguntando por el marido y acaba hablando de su trabajo. Llama preguntando por el trabajo y acaba hablando de su padre. Llama preguntando si volverá y en realidad quiere saber si puede irse.
Muchas veces la consulta entera cambia en esa primera respuesta, y ahí ya hemos ganado algo aunque las cartas no digan nada del otro mundo.
Minutos 2 a 6: te escucho
Sin interrumpir. Vas a oír silencio al otro lado y eso no es que se haya cortado la llamada: es que estoy escuchando y apuntando. Aprendí a estar callada de noche en una residencia del Guinardó, y es la parte más útil de todo lo que sé hacer.
Si te vas por las ramas te dejo, hasta cierto punto. Las ramas también dicen cosas.
Minutos 6 a 8: la tirada
Elijo el esquema según lo que me hayas contado. Trabajo con tres y ninguno más:
- Tres cartas para preguntas concretas: la situación, lo que no estás viendo y hacia dónde va.
- Cruz celta reducida, siete cartas, para cuando hay tres problemas metidos dentro de uno.
- Una sola carta para cuando ya sabes la respuesta y lo que necesitas es mirarla de frente.
Barajo, corto y pongo las cartas encima del mantel. Sí, vas a oír el ruido de las cartas. No, no las echo en un ordenador.
Minutos 8 a 25: la lectura
Te voy diciendo lo que sale y lo que veo, en el orden en que sale. Digo el nombre de las cartas porque hay gente a la que le gusta saberlo, pero si te da igual, dímelo y voy al grano.
Aquí va la parte incómoda: también te digo lo que no te va a gustar. Con cuidado, pero te lo digo. Una tirada que solo consuela no sirve para nada y encima te ha costado dinero.
Puedes interrumpirme cuando quieras. Puedes decirme que eso no encaja. De hecho es útil: cuando algo no encaja normalmente es que estoy leyendo la pregunta equivocada, y prefiero enterarme en el minuto diez que en el cincuenta.
El final: algo que puedas hacer
Terminamos siempre con algo concreto que puedas hacer esta semana. Una conversación que tener, una cuenta que echar, una llamada que hacer, una semana de espera deliberada.
Nunca termino con «espera y confía». Eso no es una lectura, es un abrazo caro.
Por qué se lee mejor por teléfono
Ahora lo que descubrí en 2009, cuando empecé a atender por teléfono a clientas que se habían mudado fuera de Barcelona.
Uno: la gente cuenta antes la verdad. No hay que sostener una mirada, no hay que arreglarse para venir, no hay una sala de espera con otra persona mirándote los zapatos. Se suelta en tres minutos lo que en consulta tardaba media hora en salir.
Dos, y esto lo reconozco a regañadientes: sin verte la cara leo mejor las cartas y peor los gestos. En persona es facilísimo ir corrigiendo el rumbo según ves la cara de la otra persona. Se hace sin querer, y aunque se haga sin querer es hacer trampa. Por teléfono no puedo. Solo tengo lo que hay en la mesa y lo que me has contado.
Lo que cuesta y cuánto dura
Con tarjeta, en el 931 258 044: quince minutos ocho euros, media hora catorce, la hora veintitrés. IVA incluido y precio cerrado antes de empezar. Con el 806 008 335 el importe va a tu factura telefónica a 1,21 €/minuto desde fijo y 1,57 €/minuto desde móvil, y solo pagas los minutos que hablas.
Si tu pregunta se resuelve en quince minutos, colgamos en quince minutos. No alargo consultas. Y si al colgar sientes que no te ha servido de nada, me lo dices y te devuelvo el dinero: ha pasado pocas veces en treinta y dos años y me parece bien que se sepa.