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Tarot presencial o por teléfono: qué cambia de verdad

Tuve consulta abierta trece años en la calle Torrijos. La cerré en 2016 y durante dos años lo eché muchísimo de menos.

Baraja de Tarot de Marsella extendida sobre un mantel de terciopelo verde en la mesa de consulta

Mucha gente que busca tarot en Barcelona da por hecho que lo bueno es ir. Que el teléfono es el apaño, la versión de segunda, lo que haces cuando no tienes tiempo.

Yo pensaba lo mismo. Tuve consulta abierta en un principal de la calle Torrijos, en Gràcia, desde 2003 hasta 2016. Dos habitaciones: una para esperar y otra para leer. La cerré y durante dos años lo eché muchísimo de menos.

Hoy no lo echo nada de menos. Te cuento por qué, con lo bueno y lo malo.

Lo que se pierde

No voy a fingir que no se pierde nada.

Se pierde la mano. Cuando alguien se rompía en Torrijos, yo podía alargar el brazo por encima del mantel. Eso no tiene sustituto por teléfono, y hay tardes en que lo noto.

Se pierde el silencio compartido. En persona puedes callarte cinco minutos y no pasa nada: la otra persona te ve, sabe que sigues ahí. Por teléfono, cinco minutos de silencio son un problema técnico. He tenido que aprender a decir «sigo aquí, estoy mirando» para que nadie piense que se ha cortado.

Se pierde el ritual de venir. Salir de casa, subir unas escaleras, sentarse. Todo eso prepara. Descolgar el teléfono desde el sofá no prepara nada, y a veces se nota en los tres primeros minutos.

Lo que se gana

Y ahora la parte que no me esperaba, que es la razón de que no vaya a volver a abrir.

La gente cuenta antes la verdad

Esto lo descubrí en 2009, cuando empecé a atender por teléfono a clientas que se habían mudado fuera de Barcelona y no querían cambiar de tarotista.

Sin la cara del otro delante no hay que sostener una mirada, ni arreglarse para venir, ni cruzarse con nadie en una sala de espera. La gente suelta en tres minutos lo que en consulta tardaba media hora en salir. Lo he visto cientos de veces y todavía me sorprende.

Hay una cosa muy concreta que casi nadie decía en Torrijos y que por teléfono me dicen constantemente: cuánto dinero tienen. En persona daba una vergüenza espantosa. Por teléfono se dice a la primera.

Yo leo mejor y hago menos trampa

Esta la reconozco a regañadientes.

En persona es facilísimo ir corrigiendo el rumbo según la cara de la otra persona. Dices algo, ves que frunce el ceño, y sin darte cuenta suavizas, giras, buscas por otro lado hasta que la cara se relaja. No lo haces con mala fe: lo hace tu cuerpo solo, porque estás delante de alguien que sufre.

Pero aunque se haga sin querer, eso es hacer trampa. Estás leyendo gestos, no cartas. Por teléfono no puedo. Solo tengo lo que hay en el mantel y lo que me has contado, y eso me obliga a ser mucho más honesta.

En persona corriges el rumbo con la cara del otro sin darte cuenta. Por teléfono solo tienes lo que hay encima de la mesa.

Y la hora

Un local abre de once a ocho. La gente no necesita el tarot de once a ocho: lo necesita el domingo por la noche y el martes a las tres de la mañana. Ahí es cuando aprieta.

Yo trabajo mejor de noche desde mis seis años de turnos en la residencia del Guinardó. Si llamas de madrugada, es probable que me pilles a mí.

Cuándo sí conviene ir en persona

Para ser justa, hay casos en que el local aporta algo:

  • Si te cuesta mucho concentrarte por teléfono o tienes problemas de audición.
  • Si lo que buscas es sobre todo un rato de compañía. Es una necesidad legítima y el teléfono la cubre peor.
  • Si te gusta ver las cartas. Hay gente a la que mirar la tirada le ayuda a entender, y eso por teléfono se cuenta pero no se ve.

Lo que un local NO acredita

Y aquí el aviso, que es la razón principal de este artículo.

Un local con velas, cortinas y música de arpa no acredita absolutamente nada. No hay colegio profesional, no hay licencia, no hay examen. Cualquiera puede alquilar un bajo en el Eixample y poner un cartel.

Es más: el local es una de las herramientas de persuasión más eficaces que existen, porque parece una consulta médica. Muchas de las estafas más caras que me han contado empezaron en un sitio con muy buena pinta.

Lo que sí acredita algo es cómo te hablan en los dos primeros minutos, si te dan el precio antes de empezar y si te dejan colgar cuando quieras. Ahí tienes las siete preguntas que le puedes hacer a cualquiera, presencial o telefónico.

Si al final llamas, ya sabes: 931 258 044, precio cerrado antes de empezar. Y si prefieres ir a un sitio, ve. Pero ve preguntando lo mismo que preguntarías por teléfono.

Pregúntame lo que quieras

Precio cerrado antes de empezar y, si al colgar no te ha servido, te devuelvo el dinero.

Consulta gratis