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Barrio a barrio: lo que me preguntan desde cada parte de Barcelona

No es un estudio ni pretende serlo. Son treinta y cuatro cuadernos y la impresión de quien lleva mucho tiempo escuchando.

Un plano callejero de papel muy doblado y gastado, extendido sobre la mesa con dos cartas encima sujetándolo.

En cada consulta apunto tres cosas en un cuaderno de tapas de hule negro: la fecha, el nombre de pila y la pregunta. Nada más. Voy por el cuaderno número treinta y cuatro.

El otro día, buscando una cosa, me puse a hojear los de los últimos años y me di cuenta de que a veces apunto también de dónde llama la persona, porque sale en la conversación. Y aparecen patrones.

Aviso antes de empezar: esto no es un estudio. No he contado nada con rigor, no tengo muestra, y la gente que llama a una tarotista no representa a nadie más que a sí misma. Es la impresión de alguien que lleva treinta y dos años escuchando. Tómatelo así.

Gràcia

Es mi barrio y era casi toda mi clientela cuando tenía la consulta en Torrijos: gente que subía andando.

Lo que más me preguntan desde aquí tiene que ver con el trabajo, pero no con el sueldo. Con si lo que hacen tiene sentido. Mucha gente que se dedica a algo creativo o por cuenta propia, mucha pregunta del tipo «llevo cuatro años con esto y no sé si sigo».

También es de donde más me llaman con la pregunta de irse de Barcelona.

El Guinardó y Horta

Aquí estuve seis años trabajando de noche en una residencia, entre 1991 y 1996, y le tengo un cariño particular.

Lo que llega de esta zona es sobre todo familia. Padres mayores, hermanos que no se hablan, el cuidado que recae siempre en la misma. Es donde más he tenido que decir aquello de «esto no lo arreglan las cartas, esto lo arregla una conversación que llevas tres años evitando».

Sants y Hostafrancs

De Sants me llaman con las preguntas más prácticas de todas. Dinero concreto, alquileres, contratos, si aguantar o no aguantar en un sitio.

Y también, y esto me duele decirlo, es de donde más me han llamado después de que alguien las estafara. La mujer que había pagado mil cuatrocientos euros por un ritual, la que conté aquí, era de Sants.

Poblenou y el Clot

El barrio que más ha cambiado de todos los que oigo por teléfono. Se nota muchísimo en las consultas: gente que lleva cuarenta años en la misma calle conviviendo con gente que llegó hace dos.

Lo que me llega de aquí son preguntas de pareja en un sentido muy concreto: parejas que funcionan pero que van a distinta velocidad. Uno quiere una cosa y el otro otra, y ninguno de los dos es el malo.

Nou Barris

Es de donde llegan las llamadas más cortas y más directas. Se pregunta lo que se quiere preguntar en el primer minuto, sin rodeos, y cuando la respuesta está se cuelga.

He aprendido bastante de esas llamadas. Da la impresión de que quien tiene menos margen para gastar en tonterías es también quien mejor sabe lo que ha venido a buscar.

Sarrià, Sant Gervasi y la zona alta

Llaman menos, y cuando llaman tardan más en decir a qué. Hay una vuelta larga antes de llegar al asunto, casi siempre con la coletilla de «yo no creo en estas cosas, pero…».

No lo digo con retintín. Cuando por fin llegan a la pregunta, es exactamente la misma que la de Nou Barris. Cambia el rodeo, no lo que duele.

El área metropolitana

Badalona, Hospitalet, Santa Coloma, Cornellà, Terrassa, Sabadell. Aquí hay un patrón muy claro y es de horario: se llama más tarde. Después de las diez y media, cuando la casa ya está en silencio.

Es la gente que más me pide quince minutos en lugar de media hora. Y es también la que más me sorprende por lo bien que aprovecha esos quince minutos.

Lo que no cambia en ningún sitio

Y ahora la parte que de verdad importa, después de todo lo anterior.

Cambia el rodeo, cambia la hora y cambia el vocabulario. La pregunta de debajo es la misma en toda la ciudad.

Debajo del trabajo de Gràcia, de la familia del Guinardó, del alquiler de Sants y del rodeo de Sarrià hay casi siempre lo mismo: ¿me puedo ir?, ¿me puedo quedar tranquila?, ¿esto que estoy aguantando es normal?

Por eso empiezo todas las consultas con la misma pregunta antes de tocar la baraja: qué es lo que de verdad quieres saber. Da igual desde qué código postal llames. La primera respuesta casi nunca es la buena, y la segunda casi siempre sí.

Si te apetece probar, el teléfono está aquí. Y si me llamas, no hace falta que me digas de qué barrio eres: acabará saliendo solo.

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