Diferencia entre tarotista y vidente
Es la pregunta que más me hacen antes de empezar una consulta, y la respuesta dice más del sector que de las cartas.
En mi web pone «tarotista». En Google, la mitad de la gente que acaba llamándome ha buscado «vidente Barcelona». Y cuando descuelgo, una de cada tres me pregunta lo mismo: «¿tú eres vidente o eres tarotista?».
Soy tarotista. Te explico la diferencia y también por qué medio sector se empeña en borrarla.
La tarotista lee un sistema
Una tarotista trabaja con una baraja: setenta y ocho cartas con un significado propio, una relación entre ellas y una tradición de siglos detrás. Eso se estudia. Se tarda años en manejarlo y no se aprende en un fin de semana, por mucho curso que se venda.
Cuando yo pongo tres cartas encima del mantel, no estoy improvisando: hay un esquema (qué significa cada posición), hay un contenido (qué carta ha caído) y hay una relación (qué le hace una carta a la de al lado). Sobre ese armazón pongo lo que sé de ti después de escucharte diez minutos.
Lo importante es que hay algo que se puede señalar. Si me preguntas por qué te he dicho lo que te he dicho, te lo puedo enseñar: está en la mesa.
La vidente, en teoría, no necesita soporte
La videncia, tal y como se define, es percibir sin ningún intermediario: sin cartas, sin posos de café, sin nada. La persona simplemente sabe.
No voy a decirte que eso no exista, porque no lo sé. Lo que sí te digo es que en treinta y dos años de oficio he conocido a mucha gente que se anunciaba como vidente y a muy poquísima que me haya hecho pensar «esta mujer tiene algo que yo no tengo». Dos, si acaso. Una de ellas era mi abuela y se pasó la vida negándolo.
Y entonces, ¿por qué todo el mundo se llama vidente?
Porque vende más. «Vidente» promete certeza. «Tarotista» promete lectura. Y a la gente que llama a las tres de la mañana con el corazón encogido, la certeza le suena mucho mejor que la lectura.
Yo lo entiendo, pero no lo hago. Entre otras cosas porque la certeza que promete un anuncio no la puede sostener nadie, y a los diez minutos de llamada se cae sola.
Vidente promete certeza. Tarotista promete lectura. La certeza no se puede sostener; la lectura sí.
La parte que no sé explicar
Ahora la parte incómoda, porque si solo escribiera lo anterior estaría siendo tramposa a mi favor.
Hay algo en este trabajo que no se explica con la baraja. Llevas veinte minutos hablando con alguien a quien no has visto en tu vida y de pronto sabes qué le pasa, y no porque lo hayas deducido: lo sabes antes de deducirlo. Me ocurre varias veces al mes y me ocurría también en la residencia, entrando de noche en una habitación.
No sé si eso es videncia, intuición muy entrenada o simplemente el resultado de haber escuchado a veinte mil personas contar sus problemas. Sinceramente, me da igual el nombre. Lo uso, pero siempre sobre las cartas, nunca en el aire. Esa es la regla que me pongo y creo que es lo que separa a un profesional de un charlatán.
Una tabla rápida, si tienes prisa
- Tarotista: usa una baraja concreta, tiene un método, puede justificar lo que dice, habla de ciclos y probabilidades.
- Vidente: dice percibir sin soporte, no siempre puede justificar de dónde sale lo que dice, y ahí es donde se cuela el que va de farol.
- Ninguna de las dos: pone fechas exactas, lee a terceros que no han llamado, hace amarres o garantiza resultados.
Qué te conviene buscar
Si estás buscando en Google, busca las dos palabras, porque el sector las mezcla y te vas a perder buenos profesionales si te quedas solo con una. Lo que tienes que mirar no es la etiqueta: es cómo te habla en los dos primeros minutos.
Si te pregunta y se calla, bien. Si te suelta un discurso sobre tu energía antes de saber tu nombre, mal. Da igual si en su web pone tarotista, vidente, médium, consultora o pitonisa.
Yo pongo tarotista porque es lo que hago: barajo, corto, pongo cartas y las leo. Lo demás lo pone el oficio, y el oficio no cabe en una etiqueta.