Las cartas del tarot: qué son los 78 arcanos y por qué uso Marsella
Un artículo para curiosos. No te va a convertir en tarotista, pero vas a entender qué estoy haciendo cuando oigas el ruido de las cartas al otro lado del teléfono.
Una baraja de tarot tiene setenta y ocho cartas. Se dividen en dos grupos muy distintos: veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores. «Arcano» significa simplemente secreto, y no le des más vueltas de las que tiene.
Los veintidós mayores
Son las cartas famosas, las que todo el mundo ha visto alguna vez: El Loco, El Mago, La Papisa, La Emperatriz, El Emperador, El Papa, El Enamorado, El Carro, La Justicia, El Ermitaño, La Rueda de la Fortuna, La Fuerza, El Colgado, la carta trece sin nombre, La Templanza, El Diablo, La Torre, La Estrella, La Luna, El Sol, El Juicio y El Mundo.
Van del cero al veintiuno y hablan de lo grande: etapas de la vida, cambios de fondo, cosas que no dependen del todo de ti. Cuando en una tirada corta salen tres mayores, normalmente es que la persona está en mitad de algo importante aunque haya llamado para preguntar una tontería.
Dos avisos, porque son los dos malentendidos más frecuentes que me encuentro:
- La carta trece no significa que se muera nadie. En el Marsella tradicional ni siquiera tiene nombre escrito. Habla de algo que termina, y casi siempre es un final que la persona lleva meses queriendo y no se atreve a provocar.
- El Diablo no es el mal. Habla de ataduras, de dependencias, de eso que haces sabiendo que te hace daño. Sale muchísimo en consultas de amor y de dinero.
Los cincuenta y seis menores
Son cuatro palos —bastos, copas, espadas y oros— del as al diez, más cuatro figuras por palo: sota, caballo, reina y rey. Si has jugado a la baraja española, el esquema te va a sonar muchísimo, y no es casualidad.
Los menores hablan de lo cotidiano, que es donde de verdad se vive: el dinero de este mes, la conversación pendiente, el cansancio, la casa, los papeles. Mucha gente los desprecia porque son menos vistosos. Yo diría que el ochenta por ciento de lo útil que digo en una consulta sale de ahí.
Muy por encima, cada palo tiene su terreno:
- Bastos: acción, trabajo, empuje, proyectos que arrancan.
- Copas: emociones, vínculos, familia, amor.
- Espadas: pensamiento, conflictos, decisiones, palabras que cortan.
- Oros: dinero, cuerpo, casa, lo material y lo lento.
Marsella y Rider-Waite: la diferencia que importa
Hay muchísimas barajas. Las dos grandes familias son el Tarot de Marsella, de tradición europea y trazo antiguo, y el Rider-Waite, inglés, de principios del siglo XX, que es el que se ve en las películas.
La diferencia práctica está en los menores. En el Rider-Waite, cada carta menor tiene una escena dibujada: un hombre con tres copas, una mujer llorando en la cama con nueve espadas. Son ilustraciones que te cuentan una historia y por eso se aprende más rápido.
En el Marsella, los menores no tienen escena. El cinco de espadas son cinco espadas cruzadas y ya está. No hay dibujito que te lleve de la mano.
El Marsella es una baraja seca. Como no te cuenta la historia, te obliga a leer de verdad en lugar de recitar significados aprendidos.
No estoy diciendo que el Rider-Waite sea peor. Conozco a gente que lee estupendamente con él. Estoy diciendo por qué me quedé con el otro.
Cómo llegué al Marsella
Yo empecé con la baraja española de mi abuela, cuarenta cartas gastadísimas que todavía tengo, en una caja de hojalata de las de membrillo. No la uso para trabajar. Está en la estantería, a la vista.
En 1997 una clienta me regaló un Tarot de Marsella. Tardé casi un año en manejarlo con soltura y estuve todo ese año pensando que había perdido facultades. Es lo que pasa cuando pasas de cuarenta cartas a setenta y ocho.
Cuando por fin encajó, ya no volví atrás. La baraja con la que trabajo ahora la compré en 2011 y está gastada por los bordes de las esquinas de tanto barajar. La guardo en una bolsa de terciopelo verde.
Lo que las cartas no son
Ninguna carta es buena o mala por sí sola. Depende de qué has preguntado, de dónde ha caído y de qué tiene al lado. La Torre puede ser un desastre o puede ser el empujón que llevabas cuatro años necesitando; la diferencia la marca el resto de la tirada y lo que me has contado tú.
Y desde luego las cartas no deciden. Es lo que decía mi abuela y con lo que cierro casi todos los artículos, porque es lo único que me importa de verdad de este oficio: no te dicen lo que va a pasar, te dicen lo que ya sabes y no te atreves a mirar.
¿Y si me quiero comprar una?
Cómprala. Que te la regalen no es obligatorio, eso es una leyenda. Empieza solo con los veintidós mayores, saca una carta al día y apunta en un cuaderno qué te sugiere antes de mirar ningún libro. Tres meses de eso valen más que cualquier curso rápido.
Y no te leas a ti misma cuando estés mal. Es el error de principiante universal: cuando estás angustiada le preguntas a las cartas hasta que te contestan lo que quieres oír. Ahí ya no estás leyendo, estás negociando.